¿Contra la bicicleta? (IV)

En anteriores posts (1, 2, y 3) he delineado ciertos conceptos para analizar la movilidad. Ritmo y fricción por ejemplo como elementos fundamentales para entender porqué la bicicleta se esta haciendo tan popular en el centro (y no tan en el centro en algunos casos) de ciudades que por lo demás tienen poco de sostenibles. Pero sobretodo la idea de “El proyecto de movilidad mas grande del mundo” -el proyecto de promoción de la movilidad, un proyecto que subsume todos los demás proyectos de movilidad- desarrollada por John Adams hace ya tiempo, nos ayuda a entender la movilidad como una dimensión más del proyecto/idea/cosmología que hace de nuestra civilización insostenible: la idea del crecimiento infinito. Esta idea se manifiesta de diferentes formas en diferentes ámbitos, no solo en el aumento del consumo de materiales sino en la aceleración del ritmo, en la distancia o la velocidad.

En el tercer post tracé una analogía con el modelo energético dominante para mostrar como la promoción de la bicicleta por sí misma no solo no es suficiente para solucionar los problemas ecológicos, -de la misma forma que la promoción de las energías renovables- sino que puede llegar a ser perjudicial cuando se aplica dentro del modelo de crecimiento ilimitado. Esta perspectiva se pierde, no solo en el ámbito de la movilidad sino en casi todos, cuando se singulariza demasiado un solo elemento del sistema, cuando se toma por fin lo que en realidad es un medio y cuando además estos se hace acriticamente. Algunas personas creemos que más bicicletas en la ciudad no es sinónimo de mejoras medioambientales o de calidad de vida, puede que lo sea, pero puede que no, igualmente renovable y sostenible no son sinónimos, pueden serlo, pero no necesariamente.

Algunas pensamos que lo que hay que reducir es el ritmo, la velocidad, la distancia y la frecuencia del movimiento y en fin, bajar el movimiento de nuestra escala de valores, salir de la sociedad hipermovil. John Adams, una vez más, introdujo una idea interesante, the anti-car imperative, el imperativo anti-coche.

El imperativo, sin embargo, se queda corto y merece ser ampliado añadiendo la alta velocidad y la larga distancia. El principio de la lucha es por tanto negativo, un NO: no más aviones (Grow Heathrow), no más trenes de alta velocidad, no más coches, aeropuertos, carreteras. No queremos que las bicicletas se acoplen al modelo, nos lleven de un lado a otro en nuestros precarios trabajos deslocalizados y luego al supermercado y de vuelta a casa, ni que nuestros pies sean la forma de ir desde el coche en el parking del aeropuerto hasta el avión que nos lleva a las antípodas, o que se despeje de coches el centro-centro-comercial de nuestras ciudades para que un número récord de turistas que vienen de todos los lugares del mundo puedan andar tranquilamente de una atracción a otra con fluidez, sin la fricción que producen los locales.

Pero este No!, por su puesto no es suficiente. Como diría Holloway, este No! tiene que estar respaldado por una práctica diferente, por una forma de hacer distinta, alternativa. Si no queremos más coches tenemos que dejar de usarlos, si no queremos más trenes de alta velocidad tenemos que dejar de usarlos, igual que los aviones. Esto, esta claro, no es fácil y requiere muchos cambios muy profundos, cambios en la forma en la que construimos la ciudad, en las formas de producción, cambios en lo que consideramos necesario y deseable, en lo que creemos que se puede y no se puede hacer. Por ahí tenemos que empezar. Bienvenidxs a la ciudad anarquista

 

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Una respuesta a “¿Contra la bicicleta? (IV)

  1. Es muy interesante esta critica de la bici cuando esta se inserta en el modelo economico actual, en la hipermovilidad, cuando se aplica a paliar los problemas que causa el automovil en los centros urbanos expulsando hacia la bicicleta y el transporte colectivo a los sujetos con menores recursos al objeto de mejorar el confort de los mas pudientes y los turistas.

    El vehiculo motorizado privado, incluso el electrico, es insostenible lo mismo que el sistema economico al que sirve, pero augura tambien ominosa la perspectiva de un retorno a la movilidad restringida propia de un localismo medievalizante.

    Creo que es conveniente una movilidad generalizada, tanto intraurbana como interurbana, pero sin las taras del vehiculo en propiedad, el derroche energetico, la velocidad y la siniestralidad. A tal efecto propondria implementar la via ferrea elevada con arrastre por cable.

    El arrastre por cable habria tenido que ser la solucion general para el metro en vez trasladar el ferrocarril al subsuelo, puesto de que de ese modo las estaciones podrian estar todas en superficie o a no mucha profundidad, dado que merced al cable los desniveles no son problema.

    La bicicleta, creo yo, como vehiculo de movilidad cotidiana solo sirve para trayectos cortos y comodos, que no impliquen un esfuerzo que provoque transpiracion, pues entonces el olor volverá a ser marca infamante, la barrera que siempre fue entre las clases.

    Ivan Illich ya hizo una muy temprana y atinadisima critica al consumo de energia y el culto a la velocidad, proponiendo la bicicleta como el vehiculo ideal. (“Energia y equidad Desempleo creador (1974) http://www.ivanillich.org.mx/LiEnergia.htm

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